Llega la cuesta de enero, y la de febrero y aun sigue la cuesta en marzo.
Vaya cuesta este año 2010; es que no se va a acabar nunca.
Me cuesta trabajo entender los primeros de año en los paises australes, donde se inicia el año en la playa haciendo una barbacoa, viendo unos cuerpazos esculturales y con el sol en pleno apogeo, y con calor.
Nada que te lleve al recogimiento obligatorio del enero de los paises de latitudes medias del norte. Mi reflexion esta teñida de la latitud de Córdoba y tambien de la soledad de esta ciudad en invierno.
Este tiempo de brumas, de lluvias, de frio, me sumerge en un espacio interior, inicialmente provechoso.
Ha pasado un tiempo desde el comienzo del invierno y he llegado a un punto inevitable de cansancio de humor acuoso; me sobra agua de todas partes, de mi cuerpo, de los caminos, del campo, de las losetas del acerado, de los paseos intransitable.
Hasta llego a echar de menos el calor torrido del verano.
El liquen se me va adhiriendo a la piel y al corazon y poco a poco un viento gelido recorre todo mi ser desde la latitud mas norte hasta los mismisimos dedos gordos de los pies.
Y el exceso de agua brota en forma de lagrimas, de nostalgia, de melancolia, a cada día que pasa mas intensa.
Añoro a mis hijos, tenerlos cerca, tocarlos, mirarlos mientras duermen. Parece que fue ayer cuando los acunaba en mis brazos.
En este tiempo de soledad el nido vacio va y viene.
Cuando ya parecia que esta etapa se habia cerrado, aparece otra ranura en la pared de mi psique y vuelta al nido vacio.
Sigo el recorrido de las capas de la cebolla, a cada capa mayor profundidad; en cada capa vuelvo a pasar por aquellos momentos de mi vida en los que la gracia desaparecio de mi corazon.
2010, año de oscuridad, de penumbra, de lluvia, de agua que recorre mi cuerpo y que tiende a salir en forma de lagrimas, de melancolia, de silencio, de soledad.
Me despido con el anhelo de los arboles en flor, del canturreo de los pajaros al amanecer, de los abejorros zumbando en el romero, de mi piel sobre la yerba fresca, del sol derritiendo todo el liquen de mi corazon.
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