Entra 2010, con algunas luces y bastantes sombras.
Este año el ritual de iniciacion del año es con uvas pasas pequeñitas.
Es la tradicion en Lisboa y ciertamente me parece mas comodo y sencillo que las doce uvas, que cuando voy por la numero 9 se me hace un nudo en la garganta y la boca no puede contener ninguna uva mas.
Volver a Lisboa, una vez mas; y a cada vez descubro un trozito nuevo y siempre viejo en esta ciudad decadente.
Una casa semiderruida con unos azulejos que bien se merecen ser guardados en la retina de mi camara. Esas cuestas empinadas de Alfama o del Barrio Alto. Mi amor por los "doces de nata" y los "pasteis de Belem".
Me alojo con mi familia en un hotel (un palacio del S.XIX) en el barrio de Ajuda. Un barrio con unos cuantos palacetes con sus respectivos jardines, la mayoría de ellos abandonados. Estos jardines, alla donde los haya, me producen un enorme regocijo, es como una potente llama en mi alma. El jardin del hombre y el jardin divino, en comunion. Naturaleza y artificio en perfecta sintonia. Ver los acantos silvestres, el apio y el ruibarbo rodeando a un laurel de indias o a una phitolaca gigante. Y las ortigas y los helechos, sin orden aparente, en un caos creativo. Me echaria a dormir entre los helechos y los acantos, desnudo, sintiendo el latido de la tierra en mi piel.
Doy un paseo, con mi querida Gema, hacia Belem; primero por la ribera del mar de la Paja y luego por la calle interior paralela al rio que te conduce al Monasterio de los Jeronimos y a todas las pastelerias maravillosas de Belem.
La diversidad de azulejos en las casas en este trayecto es fascinante. Los portugueses y en especial los lisboetas son unos maestros del azulejo. Clasicos, modernos, figurativos, abastractos, algunos cuentan la historia de Lisboa, otros solo tienen una cadencia repetitiva, unos barrocos, otros minimalistas.
Ademas del azulejo, me quedo con dos valores patrimoniales del pais vecino. Los pavimentos de Lisboa y por extension de todo Portugal, y la cortesia y educacion de los portugueses.
Que envidia me dan esos pavimentos y esa cortesia. Cuando llego a Cordoba y miro al suelo y veo los mil y un pavimentos y los gritos de la gente alla donde vayas, o los malos modos, me dan ganas de salir corriendo de este pais incivil, de panceta, de nuevos ricos y de miseria secular, con la sensibilidad adormecida y el garrote y la envidia rampando por las esquinas.
Y aqui escribo, desde mi cama, con un resfriado de narices. Al menos contemplando como se pone el sol por el horizonte. Hoy si, al menos hoy ha salido el SOL del 2010.
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